¿Alguna vez os habéis parado a pensar en la cantidad de azúcar que consumís al día?.

La OMS (Organización Mundial para la Salud), recomienda la toma de unos 25gramos al día (estos son unos 6 terrones o  cucharaditas ) y no sobrepasar los 50 gr (en niños los 37gr)

Vamos a ver, por poner un ejemplo, el día a día de Pepe, un trabajador como otro cualquiera.

En el café o infusión  de la mañana se echa dos cucharadas (10gr).

Otras dos cucharadas en el café media mañana del trabajo, pero este no va sólo, lo acompaña con una napolitana de chocolate (unos 30 gr)

Para comer  tiene un gazpacho y un guiso con tomate en conserva (5gr). De postre un yogurt de limón (30 gr)

Por la tarde, que le entra la sed en el curro se coge una coca cola (35gr)

Para cenar “solo”  va a tomar  unas fresas con nata (y un poco de azúcar porque claro, sin azúcar no sueltan el jugo) (otros20-30gr)

Pues esto es el día a día de una persona cualquiera que pudiera ser cualquiera de nosotros y en total, sin pensar que te has tomado mucho azúcar hemos llegado a la suma de:

140-150gr (125gr más de la dosis diaria recomendada).

Estos son excesos de hidratos de carbono que el páncreas no puede asumir y se van transformando en grasas , y si encima a esto le añadimos  una vida sedentaria, llega un momento el que el cuerpo se bloquea, pudiendo llegar a producir:

  • Acidificación en la sangre, debilita el sistema inmunitario.
  • Calorías vacías: obesidad, diabetes,…
  • Aumento de colesterol y riesgo de enfermedad cardiovascular.
  • Aumento de la tensión arterial
  • Ácido úrico alto.
  • Más propenso a cándidas.
  • Influye negativamente en la absorción de calcio y magnesio.
  • Desmineralización en general: caries, huesos débiles, osteoporosis…
  • En 15 minutos después de tomarlo aumenta: pulso, presión sanguínea, función renal.
  • Produce: estado de euforia, estado depresivo, deterioro de la energía vital.
  • Se utiliza como “tapadera” de otros conflictos a nivel emocional.
  • Genera dependencia. Su consumo engaña al organismo al que deja saciado por poco tiempo para después desear de nuevo más.

Si realmente queremos reducir el consumo de azúcares innecesarios, tenemos que aprender a leer bien las etiquetas de lo que compramos. No sólo se trata de que un alimento lleve o no azúcar, sino del porcentaje que supone este respecto al total de los ingredientes que lo componen, y cuanto azúcar supone una ración de ese alimento en nuestra cantidad diaria total.

Nuestro organismo necesita carbohidratos de los que pueda extraer finalmente la glucosa. Esta glucosa es el combustible propio de los músculos en funcionamiento y sobre todo del cerebro. Pero para que todas esas funciones se desarrollen normalmente no necesariamente tiene que consumirse azúcar refinado, ya que la glucosa se obtiene sin dificultad de los glúcidos contenidos en los cereales, verduras y frutas., muchos de ellos de liberación lenta.

Existe una página: www.sinazucar.org, en donde vienen en fotos las comparativas de productos que encontramos en el supermercado en terrones de azúcar.